Poemas de Bárbara

Bárbara Alondra Mar Márquez

Estudió en el Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Azcapotzalco, donde desarrolló su creatividad poética. Es estudiante de la carrera de Química Farmacéutica Biología en la facultad de Química en Ciudad Universitaria, Le gusta escribir poemas, leer libros sobre mitología griega y literatura feminista, además de algunas obras como la historia de Abel y Caín, también le gusta bailar Hip Hop, le encanta estar en laboratorio trabajando con sustancias y reacciones. Desde hace mucho ha tenido una fuerte pasión por el canto y la lectura.
babsmarquiz@gmail.com

Bárbara Alondra Mar Márquez
1.
Pétalos en soledad

En un jardín dormido, flores calladas despiertan,

bajo la sombra estrellada de una noche incierta.

Cada pétalo, frágil, susurra su duelo al viento,

y en la brisa se trenzan secretos del tiempo.

La soledad, etérea, se posa como un velo,

acariciando tallos que buscan un consuelo.

Mas en su aislamiento florece una esencia,

una paz silenciosa tejida en su ausencia.

2.
Cristales rotos

En el pecho, un abismo helado,

donde el eco de un nombre olvidado

se enreda en la brisa nocturna,

como un lamento que nunca se apaga.

El amor, cristal en manos torpes,

se quiebra en un suspiro roto,

y entre las sombras de su ausencia,

solo queda el filo de la soledad.

Susurros de un ayer intacto,

deshilachados por el tiempo ingrato.

Raíces marchitas en tierra fría,

recuerdos que el viento desvanece.

La tristeza, amante implacable,

se acuesta en mi pecho desnudo,

dejando su rastro de escarcha

en cada latido cansado.

En el alma, un invierno sin tregua,

sin sol, sin manos que abracen.

El corazón, en mil pedazos disperso,

llora, sin voz, su eterno fracaso.

3.
Verano con alma de invierno

A veces me imagino paisajes en la mente,

veranos dorados que arden suavemente.

Pero el eco del invierno persiste en mi piel,

como un murmullo helado que nunca se fue.

A veces siento cosas que no siente la gente,

nostalgias frías en días ardientes.

Los rayos del sol besan mi piel sin aviso,

mas dentro de mí solo habita el granizo.

Me desconecto del mundo real,

floto en un sueño etéreo y fugaz.

Las olas me llaman, el viento me abraza,

pero algo en mi alma aún busca su casa.

Miro un punto fijo y quiero seguir

con la ilusión que acabo de ver.

Un bosque nevado en medio del fuego,

dos estaciones bailando en mi pecho.

Pero no puedo volver, pues siento, dolido,

que el invierno me llama y mi espíritu ha huido.

4.
Las cifras no tienen género, pero yo sí

Las matemáticas fueron mi fe,

los números danzaban a mi alrededor,

gorriones inquietos en mi interior,

pero nací mujer, y ese fue mi error.

Me enseñé a pensar, me forjé en el saber,

pero alzaron muros, me hicieron ceder.

Para estudiar, mi alma vendí,

atada a un hombre, ¿era libre así?

Él me apoyó, mas no bastó,

el mundo exigía que callara mi voz.

¡Oh, querida sociedad!

¿Por qué me condenas solo por ser yo?

Un doctorado logré, una cátedra obtuve,

pero dime, razón, dime, verdad,

¿Por qué mi pecado fue la identidad?

Viuda me hiciste, destino cruel,

me arrebataste al único que me vio bien.

¿Fue su muerte otro castigo?

¿O es que nunca hubo redención para mí?

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