Rocío Santiago Meza
Egresada de Letras Clásicas en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), UNAM, además cuenta con estudios en Producción editorial. Como escritora ha publicado relatos breves en Universo de Letras (UNAM). Actualmente es editora de textos litúrgicos y creadora de contenido para redes sociales sobre literatura y psicología.
rociosm_0893@hotmail.com

¿Alguna vez te has preguntado cuántas cosas incorrectas hacemos en nombre de lo correcto? No lo había pensado. No hasta que tuve que decidir si estaba dispuesta a hacerlo. Lo mejor para ti es que jamás te lo preguntes por lo que espero no leas esta carta por mucho que desee lo contrario. Por mucho que desee que me conozcas.
Tal vez has escuchado de mí, Clarisse, al menos espero que te hablen un poco de tu madre. Sin embargo, no conocerás a Clary; la niña que disfrutaba jugando todas las tardes con los chicos del vecindario, la joven que deseaba ir a la universidad hasta que se enamoró y la mamá que sólo de pensar en dejarte siente que le arrancan el corazón. ¿Por qué debo dejarte? Porque te amo demasiado. Porque no puedo permitir que vivas en un mundo incorrecto.

Tu padre y yo fuimos felices. Él era mi hogar. Esa felicidad habría seguido siendo si él no se hubiera aferrado a la obediencia es lo correcto. Como empleado del estado tenía que cumplir con las leyes, pero no entenderlas. ¡Bendita sea la ignorancia! Por eso no cuestionó el auditio.
En esencia, era una buena idea. Un dispositivo que se adelanta a las necesidades de los bebés y ancianos. Más confiable que un monitor. ¿Quién pensaría que leer mentes en busca de llamadas de auxilio se usaría incorrectamente? Un pequeño dispositivo que sólo debería atender llamadas de auxilio exploraba cada pensamiento… lo más secreto e íntimo quedaba expuesto… libre a la interpretación de los “guardianes” como la empresa fabricante del auditio llama a su personal.
No pasó mucho tiempo antes de que decidieran que podían detectarse amenazas tempranas, analizar cada pensamiento en busca de una intención criminal y actuar en consecuencia. Parece una buena idea, ¿no?
Una vez descubierto este beneficio no hubo vuelta atrás. Cuando se decretó que todos debíamos usar el auditio ya no pude callar más. No después de ver las masivas detenciones, pero sin decir cuál fue su crimen. No puedo olvidar el día que detuvieron a Alain, el amable vecino que vivía a dos casas de aquí, yo era su niñera. Era un padre soltero que ganaba ingresos extras escribiendo artículos sobre economía y política para algunas revistas independientes. ¿Cómo lo sé? Me daba algunos datos cuando venía a recoger a sus hijos después de sus turnos en la oficina de inmigración. Sus hijos ahora están perdidos en el sistema, con un auditio colocado. Espero que piensen demasiado en lo que pasó con su padre.
En ese momento supe que mi hija no crecería en un lugar donde no era libre. Jamás nos dejaron claro dónde iniciaban los límites de lo correcto y lo incorrecto, qué nos ponía en riesgo o que nuestras opiniones sólo por existir representaban un riesgo, aunque no se verbalizaran y no planeáramos. Sabía que debía pelear por lo correcto… lo que tu padre cree estar haciendo al considerar correcta la obediencia ciega y la renuncia a su libertad.
Probablemente no leas esto, pero quería dejar un testimonio de quien fui y por qué no me conocerás. Casi han terminado de colocar el auditio en toda la población. A quienes se niegan a recibirlo son recluidos y quienes lograban escapar planeaban luchar contra la nueva ley. Nadie sabe a dónde llevan a los disidentes como ahora los llaman. Tal vez pueda escapar antes de que tu padre, como buen empleado del estado, me denuncie y sea llevada a esta prisión desconocida como Alain. Lo único seguro es que no volveré a verte.
Aunque no vea cómo te conviertes en la maravillosa mujer que serás, no me arrepiento. Jamás dejaré de creer que para defender lo correcto hay que hacer las cosas correctas y, si logro escapar, voy a pelear por un mundo así para ti.






