Teresa Lamadrid
Estudió Letras Hispánicas en la ENEP Acatlán y Letras Iberoamericanas en la FFL de la UNAM. Trabajó durante 30 años en el CCH Naucalpan, impartiendo la materia de TLRIID I y II. Participó en el Programa de Apoyo a la Actualización y Superación del Personal Docente (PAAS), UNAM, VII generación, con una estadía en San Antonio, Texas. Publicó su primer libro Temporada de microrrelatos en la colección Naveluz de la UNAM en 2023. Actualmente se encuentra jubilada y vive en Cancún, desde donde escribe estas pequeñas narraciones.
terelama_2000@yahoo.com.mx

En la mitología griega, ocupan un lugar preponderante, después de los dioses, los héroes. El más importante de ellos es, indiscutiblemente, Hércules, luego le sigue Jasón, con su búsqueda del vellocino de oro y, en tercer lugar, se encuentra Teseo con su incursión en el laberinto y la destrucción del minotauro.
Todos los mitos tienen una interpretación simbólica y el de Teseo y el minotauro no es la excepción. La figura del laberinto es muy interesante, pues tiene varios niveles de significación. Por una parte, simboliza el viaje -un tema recurrente en la civilización occidental- y, a su vez, el viaje representa el crecimiento, el descubrimiento y la transformación. Pero el camino en el laberinto no es cualquier viaje, pues es hacia el centro, hacia el interior de nosotros mismos, por lo que se convierte en un camino iniciático, de regreso al vientre materno, a la cueva.
Por otra parte, el laberinto también tiene un valor defensivo. No hay que olvidar que, de acuerdo con la leyenda, los primeros cristianos se reunían en las catacumbas, por lo que éstas se convierten en un lugar para iniciados, prohibido para los que no han pasado por un proceso de preparación. Además, el hecho de que se encontraran fuera de la ciudad, dificultaba su acceso. Algunas de ellas, como las de Roma contaban con varios kilómetros de extensión y estaban formadas por amplios corredores y túneles, por lo que su semejanza con la figura del laberinto era remarcable.

La entrada de Teseo en el laberinto, se ha interpretado como el viaje que cada ser humano realiza en el camino del crecimiento y el conocimiento. El minotauro, con su cabeza de animal, representa nuestros instintos animales y nuestros temores, a los que hemos de enfrentarnos, con valentía y astucia. Pero este viaje es también una alegoría del descenso a los infiernos, el que han emprendido tantos héroes. Únicamente cuando miremos las profundidades de nuestra alma es cuando podremos ascender, resurgir y resucitar de alguna manera a la vida. Por esta razón, el laberinto era comparado, en la Edad Media, con la peregrinación a Tierra Santa, en Jerusalén.
Teseo 1
Teseo navega por el mar, sorteando las islas Cícladas, en dirección a Creta. Su misión es matar al Minotauro. Nadie le pidió que lo hiciera, él se ofreció. La explicación oficial que ha dado es que ya no quiere que sigan pereciendo los jóvenes atenienses, pero la verdadera es que quiere realizar una acción extraordinaria y destacarse sobre los demás. Sin embargo, conforme van transcurriendo los días, su decisión empieza a flaquear. ¿Podrá vencerlo? ¿y si no consigue volver a Atenas? ¿con qué cara se presentará ante su anciano padre?
Minotauro 1
En el laberinto, el Minotauro se aburre. Hace meses que devoró a los jóvenes que le enviaron. En el año que pasa entre un envío y otro, no sabe qué hacer. Al principio, se puso a explorar el lugar, pero en poco tiempo llegó a conocerlo bien. Luego, se dedicó a hacer dibujos en las paredes, a escribir poemas, a llevar un diario. Había pensado incluso en abandonar el laberinto e irse a vivir a otro lugar, pero ¿de qué le serviría? En todos lados encontraría el rechazo de los hombres.
Ariadna 1
En el palacio del rey Minos, Ariadna está tejiendo, como siempre. Le gustaría tanto salir a pasear por los jardines del palacio o ir a cabalgar, pero su madre dice que esas son actividades para varones. Y es verdad, ella nunca ha visto a una niña montando un caballo o realizando cualquier tipo de ejercicio al aire libre. Lo único que les está permitido a las de su sexo es tejer y bordar. Ni siquiera puede coser, pues ese es trabajo de las esclavas.
Teseo 2
El barco está llegando por fin a la isla de Creta. ¡Tardó muchísimo! Teseo piensa que ojalá y en el futuro se pudiera navegar más rápido. Quizá cuando las naves no sean propulsadas por los brazos de los esclavos. Por fin arriban y el héroe desciende a tierra. Aspira profundamente y se deleita con el clima que prevalece en esta gran isla. Como su ubicación se encuentra más hacia el sur ha sido favorecida con un agradable clima mediterráneo y se observan a los lejos las palmeras con dátiles, las higueras y los omnipresentes olivos.

Minotauro 2
El Minotauro está taciturno. Se da cuenta de que debió haber disfrutado más del mundo exterior antes de que lo encerraran. Después de todo, vivía en un paraje paradisíaco. ¡Lástima de habitantes! Cuando era pequeño los otros niños lo perseguían para atormentarlo. Siempre los asustó su doble naturaleza humana y animal. Los pocos recuerdos que tiene son angustiantes, por eso no le importó cuando lo encerraron en el laberinto. Era mejor estar solo que rodeado de gente que lo despreciaba.
Ariadna 2
Ariadna ha oído a su padre comentar acerca de la llegada de un hombre llamado Teseo. Viene de Atenas con el propósito de matar al minotauro y así evitar el oneroso tributo que su pueblo tiene que pagar a los cretenses: siete efebos y siete doncellas cada año. Ariadna suelta el tejido y toma su bordado. Al menos así puede distraerse un poco, rellenando las figuras de pájaros que dibujó en la tela. ¡Ah, cómo los envidia! ¡Así quisiera ella alejarse del palacio de su padre!
Teseo 3
Teseo entra en el laberinto y escucha cómo se cierra la puerta detrás de él. Debe adaptar su vista a la oscuridad, pero más importante aún, debe vencer sus temores a las tinieblas. ¿Así será el inframundo? ¿Qué peligros le aguardan? Cuando se ofreció a matar al Minotauro nunca se imaginó que tenía que estar en un lugar cerrado, estrecho, sin ventilación y, sobre todo, sin luz. Cuando era niño le tenía miedo a la oscuridad. Creyó que ya había vencido sus temores, ahora se da cuenta que no.
Minotauro 3
El Minotauro oye ruidos en la entrada del laberinto. Después de tanto tiempo de vivir ahí, su oído se ha aguzado. ¿Quién será? Falta mucho para que manden el siguiente lote de muchachos. Se emociona ante la posibilidad de que le hayan asignado un compañero. ¡Así ya no estaría solo! ¿O una compañera? No se atreve a imaginarlo siquiera. ¡Sería demasiado! ¿Existirá alguien más como él?
Ariadna 3
Ariadna está pendiente de las acciones de Teseo. ¡Se aburría tanto antes de su llegada! Ahora las cosas han cambiado radicalmente. Los hombres cruzan apuestas sobre si el príncipe ateniense podrá matar al monstruo. Ella está segura de que sí. ¡Se ve tan valeroso, tan competente, tan apto para tomar decisiones, con tanta confianza en sí mismo! Pero, aunque son evidentes las virtudes del héroe, aún duda de sus habilidades. ¡Tantos han muerto al enfrentarse al Minotauro! Quizá ella pueda ayudar a Teseo y luego huir con él, lejos de esa malhadada isla.

Teseo 4
Teseo entra cauteloso al laberinto. No sabe a qué distancia se encuentre el Minotauro al que tiene que matar. Avanza un poco y hay dos caminos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Ingresa al de la derecha y ve que a su vez se divide en dos caminos. Se regresa y toma el de la izquierda, pero es lo mismo, lo lleva a dos opciones más. Toma el camino de la derecha para explorarlo y donde se divide en dos, vuelve a tomar el camino de la derecha, que a su vez se separa en otros dos más. Ha llegado al laberinto de caminos que se bifurcan.
Minotauro 4
El Minotauro se asoma cautelosamente por uno de los agujeros que ha hecho en las paredes del laberinto. Desde ahí observa al héroe: ¡qué arrogante y orgulloso parece! ¡Qué seguro de sí mismo! Se pregunta si será un amigo o un enemigo, pero luego descubre la espada en su mano y el puñal que sobresale de su túnica. ¡Viene a matarlo! ¡El Minotauro se da cuenta que su vida está en manos de ese hombre tan perfecto, tan decidido! Pero no, no debe sucumbir al derrotismo, debe mantener la cabeza fría. Mientras se le ocurre qué hacer, quema unas hierbas de las que solo él conoce el efecto.
Ariadna 4
Ariadna empieza a imaginar una vida lejos de ahí, en otras tierras más civilizadas, viviendo con gente menos estricta e intransigente que el rey. ¿Podrá vencer Teseo la obediencia que ella le debe a su padre? Piensa que es preciso que el príncipe ateniense derrote al Minotauro y salga libre del laberinto. ¡No puede fallar! Debe tener éxito donde otros han fallado. Recuerda cuando se escapaba para jugar en el laberinto mientras Dédalo lo estaba construyendo, así que conoce perfectamente su estructura. Decide ir a buscar al héroe para proponerle un trato. Sólo debe burlar la vigilancia de las esclavas.

Teseo 5
Teseo vuelve a entrar al laberinto, pero éste ha cambiado. Ahora, cada vez que escoge un camino diferente de aquel por el que venía, observa cómo el lugar se ilumina y se acomodan las paredes como si fueran los cristales de un calidoscopio. Siente que todo le da vueltas y se marea. Al final, ve varios minotauros, en las paredes, en el suelo y en el techo. Le empieza a doler espantosamente la cabeza. Cierra los ojos para detener las visiones y trata de serenarse.
Minotauro 5
¡El Minotauro está feliz! Sus hierbas alucinógenas funcionaron. Ahora sí puede contar con que su asesino se retire para siempre. Se siente orgulloso de sí mismo, pues a pesar de que su cabeza es la de un toro, un animal acostumbrado a embestir, él ha logrado, a través de un amplio control sobre sí mismo, que ha ejercido a través de los años, siempre pensar con claridad y no dejarse dominar por las pasiones.
Ariadna 5
Ariadna se ha acercado a la entrada del laberinto sin que nadie se dé cuenta. Quiere observar de lejos al príncipe ateniense. De pronto, sin que ella se lo espere, lo ve salir del laberinto, pálido y tambaleándose. ¿Habrá matado ya al minotauro? Ariadna lo recorre con la vista sin observar rastros de sangre. Aun en esas circunstancias destaca su porte noble y su belleza varonil, característica de los hombres del Ática. ¡Ah, ojalá se fijara en ella! Pero él parece estar concentrado sólo en las dificultades para matar al monstruo.
Teseo 6

Teseo reflexiona sobre el regalo de la princesa Ariadna. Duda sobre si aceptar su ayuda o no, es que le parece demasiado sencillo. Un hombre debe solucionar sus propios problemas, no depender de los demás. Por otra parte, no puede ser que una mujer le proporcione la respuesta a su dilema, que sea más inteligente que él. ¿Cómo explicaría, de regreso en Atenas, que la hija del rey le dio un hilo de oro para que entrara y saliera del laberinto? Él no puede aceptar eso, sería una deshonra.
Minotauro 6
El Minotauro no sabe que sus días están contados. Y que todo se lo debe a una mujer desesperada por salir de su casa y vivir aventuras, como los hombres. Esto la motivó a reflexionar sobre la mejor manera de ayudar a Teseo. Y encontró la solución en su tejido: ¡un hilo de oro! Lo suficientemente fuerte para no romperse. Ajeno a esta estratagema femenina, el Minotauro cree que ya derrotó a Teseo y se entrega al sueño apaciblemente.
Ariadna 6
Ariadna está perpleja. Hace un rato le explicó su plan a Teseo, tanto para entrar al laberinto como para salir de él. Ella le va a tejer un hilo de oro para que lo ate a la entrada y lo vaya desenredando conforme vaya avanzando. Para salir, sólo tiene que irlo enrollando de nuevo. Así su única preocupación sería matar al Minotauro. Sin embargo, el héroe rechazó su ayuda, indignado y la echó de su lado. Ella se pregunta la causa, ¿qué hizo mal?
Teseo 7
Teseo necesitó unos días para reponerse del mareo que le produjo el laberinto en movimiento. Todavía se pregunta si fue verdad lo que le pasó, o si fue un sueño, o una alucinación. Esos días lo hicieron cuestionarse su decisión y si será posible llevarla a cabo. ¡No puede renunciar! Le hizo una promesa a su padre, comprometiéndose a matar al monstruo y a liberarlos del tributo. Está escrito en su destino que él va a ser un héroe, ¡así se lo profetizaron! No duda más e ingresa de nuevo al laberinto.
Minotauro 7
El Minotauro vuelve a oír pasos en el laberinto. ¡No puede ser! ¿Entonces, no se fue su asesino? ¡Pensó que ya se había deshecho de él! ¡Pero no se va a dejar matar tan fácilmente! ¡Venderá cara su vida! Le vuelven las ganas de embestir, a pesar de que creía que ya las tenía controladas desde hace tiempo. Trata de respirar profundo y calmarse. ¡Tiene que desprenderse de sus instintos animales! Sabe que debe despejar su mente para poder pensar en una nueva estrategia. Se dirige hacia el centro del laberinto, el cual considera su cueva, su hogar. Ahí intentará serenarse.
Ariadna 7
Ariadna está muy deprimida. No puede ser que Teseo rechazara su plan. ¡Lo que es el orgullo masculino! El príncipe ateniense insistió en que le habían profetizado que él mataría al Minotauro. Ariadna cree que no se da cuenta de la complejidad del asunto. ¿Por qué piensa que tantos otros han fracasado en sus intentos? El plan de ella consiste en tres etapas: primero Teseo tiene que encontrar al Minotauro; segundo, matarlo; y, en tercer lugar, salir del laberinto, sano y salvo. O por lo menos, vivo.

Teseo 8
Teseo vuelve a entrar al laberinto. Observa que ya no se mueve. Se siente aliviado, quizá la vez pasada fue sólo un sueño terrible. Está reflexionando sobre ello cuando siente que el piso empieza a hundirse bajo sus pies. ¿Será un temblor o la explosión de un volcán? El suelo se resquebraja y éĺ se desliza en la grieta sin poder controlar su caída. Ya no puede pensar más, pues una piedra sale volando y le golpea fuertemente la cabeza.
Minotauro 8
¡Ahora sí tiene que irse su asesino! Todo el mundo le tiene miedo a los temblores y Teseo no puede ser la excepción. El Minotauro piensa que al fin se va a librar del héroe y regresar a su vida tranquila! ¿Pero realmente es eso lo que quiere? ¿Pasarse toda su vida en el laberinto? Si esa es su única opción, ¿no sería mejor dejarse matar? Pudo deshacerse fácilmente de los jóvenes que le enviaron, pero ¿podrá con el héroe ateniense? Viene precedido de una gran fama.
Ariadna 8
Ariadna está ansiosa por tener noticias de Teseo. No sabe si mató o no al Minotauro, pero sabe que sigue vivo y que no ha regresado al Ática. Está bordando, pero se halla intranquila, no encuentra sosiego en esta actividad, como otras veces y se pica un dedo con la aguja. Mejor se pone a tejer, que es una acción más mecánica. O por lo menos, ella la ejecuta así, pues siempre le ha parecido absurda, sin sentido.
Teseo 9
No se derrumbó el laberinto, como esperaba Teseo, con cierta esperanza. Así hubiera muerto el monstruo sin su intervención. Aunque también él hubiera quedado sepultado adentro. Y no se hubiera cubierto de gloria, pero tampoco de vergüenza por haber fallado. Por lo menos, de esta forma se hubieran deshecho del Minotauro. Esa fue, finalmente la promesa que le hizo a su padre antes de partir: destruir al monstruo a toda costa.

Minotauro 9
¡Sigue ahí! ¡Sigue vivo! ¡Pero ese hombre es indestructible! Quizás los dioses hayan decretado que debe ser él, el monstruo, el que muera. Después de todo, ¿a quién le importa la muerte de un ser deforme? Sin embargo, se resiste a morir, quizá como una última defensa del yo. ¿No es deber de todo organismo vivo conservarse como tal? ¿Qué ser está preparado para destruirse o para ser destruido? ¿Para dejar de ser?
Ariadna 9
Ariadna espera en el palacio de su padre a que lleguen las noticias sobre Teseo. Desde que le dio el hilo de oro para que lo atara al principio y así pudiera regresar, no ha vuelto a saber de él. No puede esperarlo afuera del laberinto, pues la gente se daría cuenta que lo está ayudando y eso no es conveniente ni para el héroe ni para ella.
Teseo 10
Teseo se ha dedicado a descifrar la estructura del laberinto, dibujándolo en la arena y estudiándolo con detenimiento. Ahora, cree tener una idea más exacta de cómo está hecho, así que se adentra en él, con seguridad, y avanza sin obstáculos. De pronto, se le han abierto los caminos y no parece haber nada que detenga su misión. ¿Qué ha pasado? ¿Los dioses han intercedido en su favor? Se detiene, súbitamente, al percibir al Minotauro que yace en el suelo, aparentemente dormido.
Minotauro 10
El Minotauro se levanta lentamente, dispuesto a enfrentarse con Teseo. Ya sabe que va a morir, pero ha decidido oponer al menos cierta resistencia para no quedar como un cobarde, no sólo ante el héroe, sino ante sí mismo. Recuerda cuando los otros niños lo molestaban y él no hacía nada. Pero ahora va a ser diferente. Si los dioses ya decidieron que tiene que morir a manos de este extranjero, al menos lo hará luchando, aunque no cuente con ningún arma a la mano para defenderse, sólo con su fuerza bruta.
Ariadna 10
Ariadna no se puede estar quieta. Se siente intranquila y desasosegada, pero también exaltada. ¡Se está jugando su futuro! ¿Recurrirá Teseo a la estrategia de ella? ¿Usará una de él? ¿Logrará sobrevivir al ataque del Minotauro o será devorado por él? Y si sobrevive, ¿la llevará con él a Atenas? Se imagina en el ágora ateniense, oyendo disertar a los filósofos sobre la política de la polis, la democracia y la paideia, como le ha contado Teseo. Entonces recuerda que es mujer y ese recinto le está vedado. ¡Oh, fue bueno fantasear por un momento!
Teseo 11
Teseo se arroja sobre el Minotauro, que lo esquiva fácilmente. Después éste se queda quieto y es cuando el héroe aprovecha para herirlo en un costado. El monstruo aúlla de dolor y se lanza sobre él, pero Teseo ya lo está esperando con el puñal desenvainado. ¡Qué fácil fue! Se diría que el Minotauro estaba dispuesto a morir. Teseo se pregunta si él no desearía lo mismo después de estar encerrado durante tantos años en ese lugar claustrofóbico y pestilente.

Minotauro 11
¡Por fin ocurrió! ¡Qué ligero se siente! No estuvo tan mal dejar el mundo de los humanos. Después de todo, él nunca fue aceptado de pleno derecho. Aunque había aprendido a razonar y reflexionar, incluso a filosofar, siempre lo habían discriminado. Su lugar estaba más cerca del de los animales. Y hacia allá se dirige ahora, al cielo de los toros sagrados a reunirse con su padre, el toro blanco de Minos.
Ariadna 11
Ariadna oye los gritos de alegría, proclamando que Teseo ya salió del laberinto, después de matar al Minotauro. ¡Su plan funcionó! Su padre le va a devolver al héroe las tablillas que comprometían a Atenas a mandar su tributo de jóvenes víctimas. Ahora sólo falta que Teseo cumpla con lo que prometió: llevarla consigo al Ática. No ve la hora de alejarse de palacio, de su padre y sus hermanos.
Teseo 12
Teseo va a embarcar en la nave que lo lleve de regreso a su patria, cuando ve a la princesa Ariadna aguardándolo. Espera que cumpla su palabra de llevarla con él a Atenas. ¿Cómo decirle que no, después de lo que hizo por él? Pero tampoco puede llegar con una mujer extranjera a su casa. ¿Qué diría su padre? Él está destinado a casarse con una ateniense y la princesa cretense sería convertida en una esclava.
Minotauro 12
¡Ya está en el cielo! Brillando como una estrella, integrado a la constelación de Tauro. Le han puesto Asterión y ahora sí se siente en su casa. No tiene que estar en un lugar oscuro y húmedo, sino en uno amplio y luminoso. Además, ahora los humanos pueden consultar su estrella y de ahí derivar diversos augurios. Por cierto, oyó uno sobre lo que le va a acontecer a Teseo y a su padre.

Ariadna 12
¡Ariadna está feliz! Ayudó al príncipe ateniense y ahora él la lleva a su patria, donde se convertirá en su esposa. No sabe que el rey Egeo, padre de Teseo nunca le permitiría casarse con una extranjera. Mientras se entera de estas noticias desagradables, disfruta la brisa del mar, las gaviotas que sobrevuelan la nave, las comodidades del barco y, claro, los brazos del príncipe que la estrechan.
Teseo 13
Tuvieron que desembarcar en la isla de Naxos para reparar una de las velas. La princesa Ariadna bajó del barco también y se acostó debajo de un árbol. Ahí, uno de los marinos le llevó algo de comer y una bebida. La princesa ingirió los alimentos y, poco después, se quedó profundamente dormida. Entonces, una vez reparada la vela, los hombres se embarcaron y la dejaron, sin siquiera volver la vista atrás.
Minotauro 13
El Minotauro observa desde el cielo las acciones de los humanos. Ve a Teseo en su barco, dirigiéndose hacia Atenas, llevando todavía las velas negras. No sabe que al no cambiarlas por velas blancas su padre va a creer que no logró matarlo a él, al Minotauro y que cegado de dolor, va a suicidarse. No le desea ningún mal al viejo, pero se alegra del dolor que sentirá Teseo. Esa será su venganza.
Ariadna 13
La princesa se despierta, todavía somnolienta y se estira para desentumecer los miembros. De pronto, se da cuenta que el barco ya no está. ¿Lo habrán llevado a otro lugar? Se levanta, enfoca la visión, y observa la nave a lo lejos. ¡La dejaron! ¡El príncipe la abandonó! ¿Ahora qué va a ser de ella, lejos de su familia, sin ayuda? No sabe que pronto va a reunirse en el cielo con el Minotauro, su medio hermano, quien ha intercedido para que Dionisio la convierta en una constelación de estrellas y así poderla tener a su lado.





