Rubén Rodríguez de la Cruz
Maestro en Artes Visuales por la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Profesor con antigüedad de 12 años en el plantel Azcapotzalco impartiendo las asignaturas de último año de Taller de Expresión Gráfica I y II. Ha cursado varios cursos y diplomados entre los que destacan: Diplomado en Ilustración con técnicas tradicionales aplicada al medio editorial y publicitario, Diplomado en Ilustración para la Ciencia y la Naturaleza, Diplomado en Habilidades pedagógicas para las Artes y el Diseño y Diplomado en Live Cinema y Arte Sonoro: Estudio, Exploración y Creación Audiovisual en Tiempo Real, todos impartidos por la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. También ha participado en distintos grupos de trabajo como el dedicado a la Evaluación de un Programa de Estudio de las asignaturas de Taller de Diseño Ambiental I y II y Taller de Expresión Gráfica I y II e impartido diversos cursos sobre técnicas de grabado, pintura y dibujo e investigación educativa en el CCH Azcapotzalco.
Su producción artística ha abarcado desde el paisaje urbano como una proyección material del proceso fenomenológico de la imagen hasta lo autobiográfico como motor creativo y conceptual para la construcción de imágenes y objetos.
rubenarte87@hotmail.com

Ampuero nos lleva a un rincón incómodo y casi insoportable en donde todo el ambiente se llena de ese olor a tripas y sangre, de sudor pesado y alaridos obscenos de aquellos que disfrutan de las peleas de gallos. Mientras esas dos criaturas se arañan hasta matarse, la niña se dormía debajo de las graderías: un pequeño refugio que la alejaba parcialmente de esos hombres.
En mi cabeza se dibujaban los olores, líneas y colores que viajaban entre las personas, convirtiéndose en protagonistas de ese escenario tan impúdico. La situación tan violenta, gris por la falta de vida, con toques rojizos por el abuso de violencia, me hicieron dibujar desde mis entrañas. El asco y el miedo viajaron hasta mi lápiz y colores.
Quise resaltar ese sentimiento empleando una paleta de colores reducida y silenciada con tonos grises. Lo colorido se le atribuyó al movimiento y el bullicio, los picos, alas y a la multitud de manchas ruidosas de casi personas. Las jaulas, brillantes y luminosas, también lastimosas y desordenadas. La niña, la joven subastada, se encuentra en el centro de todo esto, escondida, transgredida de su infancia, convirtiéndose en algo monstruoso para sobrevivir con líneas dibujando un escándalo interno que busca salir para liberarse de estas peleas de gallos.
Me permití pensar en el expresionismo europeo para el desarrollo de las imágenes, empleando la línea y la mancha como vehículo visual para esa maraña de sensaciones que la autora me contagió al leer el texto, además, el ejercicio de ilustrar desde un texto, no tiene nunca como objetivo dibujar para traducir la palabra tal y como ha sido escrita: mi objetivo fue interpretar, hacer mío desde la experiencia lectora, y así, poder darle fuerza y poder a la imagen.





