Ana Claudia Orozco Reséndiz
Licenciada en Filosofía y Maestra en Estudios Latinoamericanos, ambas por la facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Profesora de Filosofía en la Escuela Nacional Colegio de Ciencias y Humanidades, Plantel Azcapotzalco. Miembra de la Asociación Filosófica de México; pertenece al Seminario Permanente de Historia de las Ideas en el CIALC; forma parte de diversos proyectos de investigación. Ha coordinado los Seminarios de trabajo académico. De 2019 a 2021 formó parte de la Comisión Interna para la Igualdad de Género en el CCH Azcapotzalco.
anaclaudia.orozco@cch.unam.mx
Resumen: El texto subraya la urgencia de una ética ambiental que promueva una visión de interdependencia con la naturaleza, alejándose del antropocentrismo y del modelo capitalista que prioriza el beneficio económico sobre la vida. También se destaca la biodiversidad de México como una responsabilidad global, y se plantea la necesidad de una educación ambiental que forme ciudadanos conscientes y comprometidos.
Finalmente, se concluye que la educación debe fomentar valores éticos y decisiones responsables, promoviendo una transformación en los modelos de producción y consumo para mejorar la calidad de vida sin comprometer los recursos naturales. Esto con la finalidad de que sea incorporado en los nuevos programas de estudio de las materias correspondientes con filosofía en el CCH.
Palabras clave: ética ambiental, sustentabilidad, enseñanza de la filosofía, biodiversidad.
Abstract: The text emphasizes the urgency of an environmental ethic that promotes a vision of interdependence with nature, moving away from anthropocentrism and the capitalist model that prioritizes economic profit over life. It also highlights Mexico’s biodiversity as a global responsibility and raises the need for environmental education that develops conscious and committed citizens.
Finally, it concludes that education must foster ethical values and responsible decisions, promoting a transformation in production and consumption models to improve the quality of life without compromising natural resources. This is intended to be incorporated into the new curricula for philosophy-related subjects at the CCH.
Keywords: environmental ethics, sustainability, teaching philosophy, biodiversity.
Relación entre sustentabilidad y la asignatura de Filosofía
Esta reflexión explora la relación entre sustentabilidad y enseñanza de la filosofía. Se recuperan algunos de los objetivos propuestos en el marco de la “Educación para los ODS Objetivos de Aprendizaje, Educación 2030” de la UNESCO. La ODS 12 es abreviatura del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 12 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, adoptada por las Naciones Unidas en 2015. Con este fin se propone retomar el objetivo de desarrollo sostenible ODS 12 que refiere a la producción y consumo responsable desde un enfoque docente.
En torno al ODS 12, enfocado a la producción y el consumo sostenible, es muy importante que se ponga el foco de atención para América Latina y el Caribe, porque hay un desacoplamiento entre el crecimiento económico y el uso de recursos en la región. Es decir, que el crecimiento económico no agote los recursos naturales a un ritmo insostenible.
Desacoplar el crecimiento económico del uso de los recursos naturales supone cambios estructurales en los modelos de producción y consumo. El reto del desarrollo de la región es compatibilizar el crecimiento económico con los cambios en los patrones energéticos necesarios para desacoplar dicho crecimiento del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), dando mayor espacio a las fuentes renovables de energía, sobre todo en el transporte, y aumentando la eficiencia de la estructura productiva y del funcionamiento de las ciudades. Además, se debe aumentar el acceso y la asequibilidad de la energía para las personas más pobres, asegurando que nadie se quede atrás. (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], s.f.).
Dado el contexto ambiental, social y económico de nuestro país, resulta pertinente abordar la producción y el consumo responsables desde una perspectiva filosófica. Este enfoque puede implementarse a través de un ejercicio docente orientado a la sustentabilidad. Con este fin, se propone retomar y desarrollar los objetivos planteados en los programas de estudio de Filosofía I y II, así como en los cursos de Temas Selectos de Filosofía I y II.
El ODS 12 en cuanto a la “Producción y consumo responsables”, señala los siguientes aspectos:
- Pertenencia y creación de identidad.
- Historial de producción y consumo, patrones y cadenas de valor, y gestión y uso de recursos naturales (renovables y no renovables) Impactos ambientales y sociales de la producción y el consumo.
- Producción y consumo de energía (transporte, uso comercial y residencial, energías renovables).
- Producción y consumo de alimentos (agricultura, procesamiento de alimentos, elecciones y hábitos alimentarios, generación de desechos, deforestación, sobreconsumo de alimentos y hambre).
- Estilos de vida sostenibles y diversas prácticas de producción y consumo sostenibles.
Estos son algunos temas que pueden incorporarse en la reciente propuesta de los programas de estudio, en este caso aplica para ambas asignaturas, tanto Filosofía como Temas Selectos de Filosofía.
En esta línea de ideas, además, en la UNAM contamos con la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad (CoUS), adscrita a la Secretaría de Desarrollo Institucional (SDI), donde se encuentran los objetivos generales y el planteamiento principal para considerar en nuestras planeaciones académicas y la construcción de estrategias efectivas que posibiliten la inclusión de la sustentabilidad en nuestras clases. Para ello, contamos con la página web https://cous.sdi.unam.mx/. (Estrategia de Resiliencia y Sustentabilidad de la Universidad Nacional Autónoma de México, 2024-2027, 2024).

El problema ambiental que tenemos frente a nuestros ojos es irreversible, en la mayoría de los casos, no hay vuelta atrás.
En la actualidad, el consumo de materiales provenientes de los recursos naturales está aumentando. Al mismo tiempo, los países de la región continúan abordando los desafíos relacionados con la contaminación del aire, el agua y el suelo. El objetivo del consumo y la producción sostenibles es producir más y mejores bienes con menos recursos. Se trata de crear ganancias netas de las actividades económicas reduciendo la utilización de los recursos, la degradación y la contaminación, y logrando al mismo tiempo una mejor calidad de vida. (CEPAL, s.f.).

Se presenta el consumo y la producción sostenibles como una estrategia clave para optimizar la producción de bienes, tanto en cantidad como en calidad, usando menos recursos a partir de una moralidad comprometida y responsable, un aspecto que consideramos de gran importancia en nuestro trabajo como docentes. Esto implica una transformación de las actividades económicas para que generen ganancias, pero minimizando el uso de recursos, la degradación ambiental y la contaminación. El objetivo final es mejorar la calidad de vida, para lo cual es esencial que las y los estudiantes sean conscientes de sus hábitos de consumo y el impacto que estos generan.
La urgencia de la sustentabilidad y el rol de la educación
Abordar el tema de la sustentabilidad y la biodiversidad requiere un planteamiento con un enfoque desde la ética medioambiental entendida como aquella búsqueda de nuevos razonamientos morales que enfrentan los problemas de actualidad y la necesidad de transformar nuestro comportamiento en el mundo de la vida. El modo en que los seres humanos ven el mundo natural y actúan en él. En este sentido, se propone una mirada amplia y flexible que integre las nociones de naturaleza y cultura en un mismo y claro enfoque. De este modo, se plantea una dinámica en la que la evolución biológica se vincula estrechamente con los procesos sociales.
Asimismo, hablar de sustentabilidad implica hablar de biodiversidad, que es entendida como diversidad de la vida. Esto puede incluir diversidad genética, de especies o de ecosistemas. También se considera que existe la biodiversidad cultural que se entiende como la variedad de especies domésticas, mismas que son producto de la actividad humana y, en gran medida, conservada también por ésta (pueden ser tradiciones o procesos). (Galindo et al., 2012).
Es importante este tema debido a que México ocupa el lugar 17 de países megadiversos a nivel mundial, en los que se concentra entre el 60 y el 70% de la diversidad de especies en el mundo (otros países que integran este grupo son Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Congo, Madagascar, China, India, Malasia, Indonesia y Australia, Papúa Nueva Guinea, Sudáfrica, Estados Unidos, Filipinas y Venezuela). Se considera que México está en el cuarto lugar de este grupo. Sin embargo, la biodiversidad es difícil de estimar, pues se desconoce el 80% del total posible de especies.
Según el portal Biodiversidad Mexicana, de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), México ocupa el segundo lugar a nivel mundial en biodiversidad de reptiles, el tercero en mamíferos, el quinto en anfibios y plantas vasculares, y el undécimo en aves. Además, cuenta con una notable cantidad de especies endémicas —es decir, exclusivas del territorio nacional—, ya que más de la mitad de las especies de plantas y reptiles registradas son consideradas endémicas.
Esto quiere decir que la riqueza biológica de nuestro país implica una responsabilidad global, porque nos asumimos custodios de un tesoro natural invaluable. En este sentido, es menester considerar que la biodiversidad mexicana enfrenta una serie de problemáticas que amenazan con la extinción de múltiples especies. Según Marcelo del Castillo Mussot (1993), “se prevé que dentro de 40 años, entre 100 000 y 350 000 especies habrán desaparecido” (p. 14). Del Castillo, investigador del Instituto de Física en la UNAM, también señala que las nuevas generaciones requieren una instrucción académica orientada a la extensión de la ética hacia los problemas ambientales y la ecología.
La riqueza biológica de nuestro país implica una responsabilidad global, porque nos asumimos custodios de un tesoro natural invaluable.
Desde la filosofía, tanto docentes como estudiantes estamos llamados a cuestionarnos sobre el valor de una especie o de un ecosistema: ¿posee la naturaleza un valor intrínseco, independiente de su utilidad para los seres humanos? ¿Cómo podemos redimensionar nuestra relación con la naturaleza, pasando de una visión de dominio a una de interdependencia?
Al plantear estas cuestiones, subrayamos como objetivo fortalecer propuestas pedagógicas ambientales que nos permitan contribuir a la construcción de un mundo mejor y más sostenible. Además, hemos considerado aspectos relacionados con la reflexión y el análisis cultural, vinculados estrechamente con los derechos humanos. Este abordaje integral busca no sólo destacar la importancia de la ética ambiental, sino subrayar su conexión intrínseca con aspectos fundamentales desde nuestra existencia y coexistencia en el planeta.
Una pregunta relevante que se suma a las anteriores es la siguiente: ¿es posible asumir responsabilidad por un mundo que desconocemos? Debemos reconocer que nuestro conocimiento del entorno es, por naturaleza, incompleto. Aunque resulta imposible comprender en su totalidad las complejas interconexiones entre los sistemas naturales, sociales y económicos, ello no impide que intentemos conocerlos de forma constante. Por lo tanto, es fundamental fomentar una conciencia crítica sobre el entorno en el que nos desarrollamos como seres humanos.
Responder a esta pregunta no es tarea sencilla; sin embargo, ello no significa que debamos ignorarla. Al contrario, nos invita a reconocer tanto los logros como las limitaciones de la ciencia, y a buscar un equilibrio responsable en su aplicación. En este contexto, planteamos una respuesta inicial desde la perspectiva ética dentro del ámbito educativo. Esto implica abogar por una educación ambiental, según lo propuesto por la UNESCO en 1977, que promueva el respeto por la vida y fomente valores que han sido descuidados en nuestro entorno.

Hagamos una breve revisión de la historia. Tras la Revolución Industrial, especialmente en los siglos XIX y XX, se evidencian las consecuencias del impacto ambiental, así como la noción de progreso asociada a un fuerte apego al incremento material. Ante este panorama, es innegable que ha habido un cambio significativo en la relación entre los seres humanos y la naturaleza, instando a una reflexión sobre nuestra existencia y conexión con el mundo, marcada por el desarrollo tecnológico y avances científicos.
En el ámbito educativo surgen reflexiones éticas que abordan los problemas morales directamente relacionados con el medio ambiente. Se propone que la enseñanza promueva ideales orientados al bien social y comprometidos con el cuidado del entorno natural. No obstante, la influencia del capital, que en ocasiones subsidia la educación, puede desviar estos propósitos. Frente a ello, se busca alejarse de visiones egoístas que conducen a prácticas destructivas, y propiciar un giro hacia una ética más flexible, incluyente y respetuosa de todas las formas de vida.
La enseñanza aspira a distanciarse de actitudes egoístas que llevan a prácticas destructivas, características de la ética antropocéntrica. Esto implica un cambio hacia una ética más flexible e incluyente que reconozca y valore todas las formas de vida. Este cambio no será posible sin un conjunto de valores y una toma de conciencia que desafíe la indiferencia, ignorancia y ambición generadas por el sistema capitalista.
La esencia del asunto reside en la moralidad, resultado de una reflexión personal profunda que demanda el desarrollo de herramientas de aprendizaje para una educación ambiental. Se busca fomentar en las personas la toma de decisiones éticamente fundamentadas. La educación ambiental, según la Conferencia Intergubernamental sobre Educación Ambiental de la UNESCO en 1977, implica consideraciones morales aplicables no solo a los seres humanos, sino a todos los seres vivos.

En conclusión, para llevar a cabo una educación ambiental efectiva, es esencial incorporar una ética ambiental que promueva valores descuidados en nuestro entorno, con un enfoque en el medio ambiente y su preservación. Esto requiere una propuesta educativa que promueva ideales comprometidos tanto con el bien social como con la sustentabilidad ambiental.
Por ello, resulta urgente detener el deterioro ambiental, evitar su agravamiento y reducir los impactos ya existentes. En este contexto, el objetivo de lograr un consumo y una producción sostenibles se plantea como una estrategia clave para optimizar la generación de bienes, tanto en cantidad como en calidad, utilizando menos recursos. Este enfoque adquiere particular relevancia en nuestra labor docente, ya que implica la reestructuración de las actividades económicas para que generen beneficios, minimizando al mismo tiempo el uso de recursos, la degradación ambiental y la contaminación, con el propósito de mejorar la calidad de vida. En consecuencia, es fundamental que las y los estudiantes tomen conciencia del nivel de consumo que ejercen y del impacto que este genera.
Como propuesta, se sugiere incorporar en los programas operativos temas como identidad, historia del consumo, impacto ambiental, energía, alimentación y estilos de vida sustentable. Además, apoyarse de la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad (CoUS) de la UNAM como guía para integrar estos temas en la docencia.
Fuentes de consulta
- Biodiversidad Mexicana. (s.f.). ¿Qué es la biodiversidad? Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). https://www.biodiversidad.gob.mx/biodiversidad/que_es.html
- Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (s.f.). ODS 12: Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles en América Latina y el Caribe. https://www.cepal.org/sites/default/files/static/files/ods12_c1900731_press.pdf
- Conferencia Intergubernamental sobre Educación Ambiental. (1977). Educación ambiental: Necesidad y principios. UNESCO. http://unesdoc.unesco.org/images/0003/000327/032763sb.pdf
- Del Castillo Mussot, M. (1993). Ética y ecología. Ciencias, (31), 13–15.
- Gobierno Federal. (2001). Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Diario Oficial de la Federación, 10 de febrero.
- Herrera Ibáñez, A. (1992). Progreso responsable. Iztapalapa: Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 12(27), 55–62.
- Herrera Ibáñez, A. (2000). Ética y ecología. En L. Villoro (Coord.), Los linderos de la ética (pp. 134–160). Siglo XXI / Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM.
- Kwiatkowska, T. (2008). Controversias de la ética ambiental. Plaza y Valdés / Universidad Autónoma Metropolitana.
- Marcos, A. (1999). Ética ambiental. Universitas Philosophica, (33), 31–57.
- UNESCO. (2010). Ética ambiental y políticas internacionales. http://unesdoc.unesco.org/images/0018/001873/187309s.pdf
- Singer, P. (1995). Ética práctica. Organización Editorial de la Universidad de Cambridge





