Los retos socioeducativos de la pandemia: tecnología, desigualdad y educación en tiempos de COVID-19

Jorge J. Platas Curiel

Tesista de la Licenciatura en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha sido colaborador en la revista electrónica Género y Cultura de la ENP No. 4 “Vidal Castañeda y Nájera, así como partícipe en el Programa “La UNAM y CONAPRED por la Igualdad, la no Discriminación y la Sana Convivencia en la Comunidad Universitaria” coordinado por la DGOAE.
jaredplatas@gmail.com

introducción

“A partir de hoy suspensión paulatina de clases”. Así fue como la Gaceta UNAM anunció en su portada del 17 de marzo de 2020 el inicio de los meses que después llegaría a convertirse en una situación de desesperación, estrés colectivo e incertidumbre sobre los efectos y consecuencias de la pandemia por el virus SARS-CoV 2, mejor conocido como COVID-19. Desde entonces, la vida académica, estudiantil y administrativa de la UNAM se ha visto interrumpida tal cual la conocíamos en sus distintos niveles educativos y centros de enseñanza, investigación y difusión.

A lo largo de más de tres meses de aislamiento y distanciamiento de nuestras actividades cotidianas, entre ellas la vida universitaria, la experiencia de la pandemia sanitaria evidenció los retos y desafíos a los que estudiantes, docentes y administrativos, así como otros actores circundantes de la educación en línea y a distancia, se enfrentarían como parte del proceso de dura adaptación a una realidad parecida al de un relato de la ciencia ficción hollywoodense.

El presente texto tiene por propósito reflexionar sobre los retos, desafíos y porvenires de la vida académica y estudiantil del bachillerato universitario a partir de la experiencia vivida tras el confinamiento social por la pandemia sanitaria. Se abordará la manera en que la desigualdad socioeducativa y la brecha tecnológica y digital impactaron en el ejercicio de la enseñanza-aprendizaje durante la pandemia y su perfilación como retos socioeducativos de vital importancia para la reestructuración del sistema educativo universitario.

Escuela a distancia, educación tecnológica y digital

Desde el inicio de la suspensión de clases y actividades académicas el sentimiento de la “escuela ausente” (Díaz-Barriga, 2020) se ha generalizado entre la comunidad universitaria. Pero no sólo ha sido la escuela, en cuanto espacio físico, lo que se ha hecho ausente durante el confinamiento sanitario, pues con ella se han ido también los días de convivencia, encuentro y sociabilidad entre docentes, alumnas y alumnos y demás actores que inciden de manera crucial en el día a día de estudiantes universitarios.

La escuela a distancia implica la ausencia de lo humano y lo social tal como lo conocíamos por su sustitución mediática a través de las tecnologías digitales de la información y la educación. Este hecho obligó a que profesores, alumnos y directivos de los distintos planteles del bachillerato universitario de la UNAM hicieran de sus dispositivos digitales y tecnológicos su principal herramienta de trabajo, comunicación y sociabilización.

Desde el inicio de la cuarentena la UNAM, a través de la DGTIC en colaboración con la CUAED y los recursos ofrecidos por el B@UNAM, implementó una serie de estrategias que ofrecieran distintas modalidades de enseñanza-aprendizaje en plataformas digitales y en línea, de tal manera que la labor formativa de las y los universitarios en los distintos niveles académicos se viera lo menos interrumpida posible. Así, cerca de 66 mil alumnos del sistema del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) continuaron con sus estudios en línea desde casa, enfrentándose por completo a nuevos escenarios que rebasan la experiencia y tradición de un modelo educativo basado en las actividades presenciales.

Los esfuerzos hechos por la Universidad, así como por el Colegio de Ciencias y Humanidades durante los meses de confinamiento fueron impresionantes y de gran alcance, pues a través de diversas plataformas, como Google Classroom, Teams, Campus Virtual o Moodle, además del ya tradicional correo electrónico, profesores y alumnos encontraron nuevas vías de comunicación y redes de interacción que plantearon una verdadera revolución en los procesos de enseñanza-aprendizaje más allá de las aulas y los centros educativos, poniendo a prueba no sólo la creatividad de cada actor sino también su autogestión y compromiso con su proceso formativo y de enseñanza.

De este modo, la escuela a distancia y la educación tecnológica y digital pretende que las y los estudiantes se asuman como parte activa y fundamental de su propio proceso de aprendizaje, pues parte importante de la educación en línea es que el alumnado personalice los contenidos temáticos y la información según su propio ritmo y aprendizaje, permitiendo así avanzar con seguridad en su conocimiento y formación universitaria según señala Guadalupe Vadillo (García, 2020), directora del Bachillerato a Distancia de la UNAM.

Si bien la educación tecnológica, digital y a distancia surgió como una respuesta a la necesidad de personas adultas y trabajadoras por concluir sus estudios, la experiencia de la pandemia y el confinamiento social nos permitieron apreciar las virtudes, potencialidades y recursos que podemos aprovechar de las plataformas digitales y de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) como herramientas educativas innovadoras y auxiliares en los procesos de enseñanza-aprendizaje de los distintos niveles académicos y que a la vez se ajustan y responden a las necesidades de una población estudiantil cada vez más amplia, diversa y heterogénea.

El confinamiento social, vuelto a la vez confinamiento escolar, obligó a trasladar el proceso de enseñanza-aprendizaje con todos sus contenidos y actores a la virtualidad de la era tecnológica y digital. Cientos de alumnas y alumnos, junto con sus profesores, se volcaron al teléfono celular, a la tableta o a la computadora como el recurso principal de la labor educativa; sin embargo, como señala Díaz-Barriga (2020), pese a que las últimas generaciones de estudiantes son con toda razón generaciones que han crecido con la integración de la tecnología digital y el Internet como parte de su modus vivendi, lo cierto es que es que el uso de tales recursos tecnológicos ha sido principalmente como medios de comunicación y redes sociales, más no como herramientas educativas y de aprendizaje.

Utilizar una tableta electrónica o celular con fines recreativos como escuchar música, ver vídeos o actualizar las redes sociales no implica saber utilizar estos recursos para el aprendizaje, pues para ello se requiere de ciertas habilidades que tanto profesores como alumnos deben desarrollar para adaptar los contenidos temáticos, estrategias de estudio y aprendizaje según la naturaleza y exigencias de la modalidad a distancia y el línea. La educación digital no significa, solamente, elaborar diapositivas, descargar libros y archivos, resolver cuestionarios o formularios o sesiones vía Zoom o Moodle; significa desarrollar toda una infraestructura educativa e institucional con apoyo didáctico, pedagógico e informático orientado hacia el diseño y producción digital de contenidos temáticos, exposición de clases, retroalimentación y evaluación.

La experiencia de la educación tecnológica y digital representó un desafío tanto para los estudiantes como para los profesores, pues para algunos el uso de tales recursos significó un verdadero reto el tener que aprender a dominar las habilidades que se requieren para el uso de ciertas plataformas y su gestión. Esta situación evidenció la urgencia institucional de capacitar, actualizar y apoyar tanto a docentes como estudiantes en la alfabetización digital y tecnológica, así como también reflexionar sobre el significado de la educación en línea y a distancia, sus implicaciones, desafíos y virtudes en la actualidad.

La contracara de la innovación: entre la desigualdad social y los retos educativos de la post-pandemia

Si bien la educación en línea y a distancia fungió como un recurso de gran importancia para la continuidad de las actividades académicas de prácticamente toda la Universidad, también se evidenció una preocupante realidad que aqueja a gran parte de la comunidad de estudiantes y profesores como la contracara de la innovación tecnológica, digital y educativa. Y es que la desigualdad social junto con la brecha digital se hicieron presentes como dos graves problemas que inciden en el aprovechamiento, rendimiento, actualidad y mejora de los procesos de enseñanza-aprendizaje, representando así condiciones que vulneran y ponen en riesgo a los sectores más desfavorables de la población universitaria, así como a la propia educación.

La desigualdad social es un problema que aqueja a gran parte de la población nacional y sus dimensiones no se limitan solo al ingreso salarial y potencial de consumo de los ciudadanos, sino que también repercute en el pleno ejercicio de los derechos humanos, tal como el de la educación, así como el acceso de determinados servicios y el aprovechamiento de recursos y oportunidades, lo cual se traduce en una deficiencia del desarrollo humano y la movilidad social. La desigualdad genera espacios, ámbitos y prácticas de dominación y exclusión que vulnera la integridad y dignidad humanas al no reconocer y establecer las condiciones materiales y reales óptimas para el ejercicio pleno de los derechos humanos. Por ello, la desigualdad social condena a la pobreza, a la incertidumbre y a la inseguridad de aquellos quienes la padecen, relegando sus propósitos y proyectos de vida, tanto personales como familiares, e incluso comunitarios, al olvido, la desesperanza y la frustración de una vida desperdiciada.

Diversos son los factores que inciden en la desigualdad social y su repercusión en el aprovechamiento de la educación en línea, pues entre los más comunes están la disponibilidad y uso de las TIC que según cifras oficiales del INEGI, en 2019 sólo el 44.3% de los hogares mexicanos cuenta con un equipo de cómputo, mientras que el 56.4% cuenta con conexión a Internet. Asimismo, factores como la clase social, el género, la situación personal y familiar, la etnia o la ubicación geográfica de residencia inciden en el acceso, uso y aprovechamiento de las plataformas digitales y de los recursos tecnológicos educativos.

Lo anterior dificulta un acceso igualitario y universal a la educación en línea y los recursos digitales que ella ofrece, dando lugar así a la llamada “brecha digital” que separa a aquellos estudiantes que pueden acceder y aprovechar la modalidad en línea y a distancia frente a aquellos quienes quedan excluidos. Según señala Marion Lloyd (2020, pág. 117), el 81% de los estudiantes universitarios de nivel medio superior más pobres no tienen acceso ni al Internet ni a un equipo de cómputo, mientras que el 40% de la población en general no cuenta con acceso a las TIC en su hogar.

La escuela a distancia implica la ausencia delo humano y lo social tal como lo conocíamos por su sustitución mediática a través de las tecnologías digitales.

Estas cifras reflejan las dimensiones de la desigualdad social y su impacto en los procesos de enseñanza-aprendizaje, que si bien la mayoría de la población de estudiantes de nivel medio superior atendió el reto de la continuar con las actividades académicas en línea, otro tanto quedó relegado en la exclusión y el olvido por no tener las mismas oportunidades y recursos que sus demás compañeros. De esta manera, la desigualdad social se traduce en desigualdades educativas que repercuten no sólo en el aprovechamiento de las y los estudiantes menos favorecidos, pues estas desigualdades operan también como obstáculos y factores de selección y exclusión entre los estudiantes que sí tienen acceso a los recursos tecnológicos y digitales de aquellos quienes no por su situación de precariedad.

Según señala la UNICEF, el desigual acceso a la educación en distancia en el contexto de la pandemia sanitaria podría agravar la crisis mundial del aprendizaje, pues si bien antes de la crisis mundial por COVID-19 la educación era ya un tema crítico, según señala el Jefe de Educación de UNICEF, Robert Jenkins, con la pandemia “nos encontramos ante una crisis educativa cada vez más profunda y que puede crear aún más divisiones” (UNICEF, 2020).

Por su parte, en el periódico La Jornada, del 5 de junio, José Antonio Román afirma que la crisis social y educativa generada por la pandemia en nuestro país obliga reformular la agenda educativa, que va desde el replanteamiento del currículum escolar hasta la revalorización y dignificación de las y los docentes. Tales observaciones no sólo aplican para la educación básica, pues los escenarios no distan tanto de nuestro sistema y más aún cuando su presencia se acentúo en tiempos recientes y evidenciaron la fuerte y cruda desigualdad, tanto de acceso y oportunidad a los servicios tecnológicos como de los conocimientos y habilidades digitales, que padecen alumnos y docentes por igual.

Como docentes universitarios debemos de valorar crítica y reflexivamente la experiencia de la pandemia y su impacto en la escuela y la educación. Debemos asumir nuestro compromiso histórico, social y formativo como sobrevivientes de una pandemia y ser partícipes en la renovación, innovación y transformación de la educación en nuestra prestigiosa institución. El COVID-19 puso a prueba nuestras habilidades y capacidades como docentes comprometidos con la investigación, la docencia y la difusión de la cultura, las tres tareas sustantivas de nuestra Universidad; pero también visibilizó los retos y desafíos que debemos afrontar de la mano con nuestros alumnos y colegas.

Consideraciones finales

Tecnología, desigualdad y educación representan los retos y desafíos que encaran el sistema escolar en todos sus niveles, tanto básico, medio superior y superior. Elaborar propuestas y estrategias para su abordaje en un clima de diálogo y trabajo mutuo y acompañado puede ser parte de la solución a un problema que se ha vuelto estructural de nuestros sistemas educativos y que a la postre, podría llevarnos junto con nuestras instituciones educativas al sinsentido al hacer de la escuela un espacio verdaderamente ausente tanto para las y los alumnos como para la sociedad.

La COVID-19 y la experiencia de la educación en línea y a distancia representan no una, sino muchas oportunidades para reflexionar sobre el sentido de nuestra labor docente y formativa, así como la orientación y sentido de nuestra Universidad. La actualización y formación docente en materia del uso y aprovechamiento de las TIC como recursos educativos es un compromiso institucional que debemos preocuparnos por cumplir y vigilar por su cumplimiento. Abrir los paradigmas de la educación tradicional en su modalidad presencial, integrar los recursos tecnológicos y digitales para innovar y renovar nuestros procesos de enseñanza-aprendizaje, así como crear redes de comunicación, aprendizaje y saberes entre profesores y alumnos se erige como el imperativo que debe reorientar nuestra labor profesional, nuestro compromiso social e institucional con la educación universitaria y nuestro sentido personal de formar y forjar futuros profesionistas que incidan en la construcción y transformación de su realidad.

Fuentes de consulta
  1. Díaz-Barriga, A. (2020). La escuela ausente, la necesidad de replantear su significado en Girón, J. (ed.) (2020). Educación y pandemia. ISSUE-UNAM.
  2. Gaceta UNAM. Órgano Informativo de la Universidad Nacional Autónoma de México. 17 de marzo de 2020. No. 5125. https://www.gaceta.unam.mx/wp-content/uploads/2020/03/200317.pdf
  3. García, Y. (2020, 6 de abril). Las ventajas de estudiar en línea. Gaceta CCH, 1,571, 12-13. https://www.cch.unam.mx/comunicacion/sites/www.cch.unam.mx.comunicacion/files/gacetas/2020/04/1571060420.pdf
  4. Girón, J. (ed.) (2020). Educación y pandemia. ISSUE-UNAM
  5. Lloyd, M. (2020). Desigualdades educativas y la brecha digital en tiempos de COVID-19 en Girón, J. (ed.) (2020). Educación y pandemia. ISSUE-UNAM.
  6. Román, J. (2020, 5 de junio). La crisis de la pandemia del COVID-19 obliga al país a reformular la agenda educativa. La Jornada (en línea). https://www.jornada.com.mx/2020/06/05/sociedad/031n1soc
  7. UNICEF. (2020, 5 de junio). La falta de igualdad en el acceso a la educación a distancia en el contexto de la COVID-19 podría agravar la crisis mundial del aprendizaje. https://www.unicef.org/es/comunicados-prensa/falta-igualdad-acceso-educacion-distancia-podria-agravar-crisis-aprendizaje

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