Una mirada  al abismo

Plumas Invitadas

Imelda Nathaly González Guevara

Maestra en Derecho por la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Derecho de la UNAM y Especialista en Derecho Penal por parte de la misma División; Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma Metropolitana; Conferencista y Profesora de las materias de Filosofía del Derecho y Lógica Jurídica en la Facultad de Derecho.

imeldangg@derecho.unam.mx

El que no está conquistando todos los días algún miedo, no ha aprendido el secreto de la vida.
Ralph Waldo Emerson

 

Sin duda alguna, nos encontramos frente a un hecho verdaderamente histórico: la pandemia de la COVID-19. ¿Y esto qué significa?

Puede significar muchísimas cosas, todo depende desde el ángulo que se le quiera mirar, por ejemplo, y por supuesto en primer lugar, el tema de la salud, y de ahí podríamos derivar algunos más como: la economía, las condiciones laborales, el desempleo, los efectos en la salud mental, la aparición de nuevos transtornos a partir del encierro, la violencia intrafamiliar, y desde luego, la cuestión de la enseñanza.

Los ejemplos señalados son temas preocupantes y muy relevantes pues nos vienen a demostrar y en varios casos, a desenmascarar la realidad que se ocultaba a discreción bajo algún tenue y casi invisible velo; mucho se ha dicho y exhibido sobre las deficiencias de la red hospitalaria del sector público en nuestro país –realidad de la cual no éramos del todo ajenos–, pero que ante esta situación se acentúa y nos obliga a reflexionar y revalorar las condiciones de los mismos.

Podrían escribirse tomos enteros sobre cada sector de la sociedad, y estos a su vez, subdividirse en partes muy especializadas, sin embargo, yo deseo hacer énfasis en lo que a la enseñanza respecta, ya que es a lo que me dedico: la docencia universitaria.

Hablar de la educación en México, es tener que mirar hacia muy diferentes campos, es crear en la mente un collage de imágenes y sentimientos: de la desigualdad que trae como consecuencias la falta de oportunidades y recursos, la marginación y el hacinamiento, y claro, la falta del dominio de las diversas plataformas académicas que de un día a otro pasaron a ser una necesidad básica en la vida de millones de estudiantes en nuestro país.

NIKLAS HAMANN

que en el futuro nos obliguen de manera periódica a un confinamiento estacional y en donde ya no va a ser posible detener las actividades como se tuvo que hacer durante esta emergencia sanitaria.

En este escrito delineamos un análisis en torno a una de muchas características que hacen contradictoria la idea de que la educación a distancia sea un correlato especular de la educación presencial, por lo que todo modelo que inicie con esta premisa estará destinado a crear más problemas de los que pretende resolver. Esta característica es lo que Lefebvre (1991)1 denominó como espació público, y el cual tiene dimensiones radicalmente distintas en el espacio público físico y en el espacio público virtual, lo que implica desde luego diferentes tipos de relaciones entre los agentes involucrados proceso que es lo que resulta incompatible entre ambos modelos. Nuestra intención no es desde luego agotar ni profundizar grandemente en el tema, sino hacer divulgación en torno a una sencilla idea que para los docentes especializados en el mundo educativo a distancia es evidente: no se puede saltar del modelo presencial al virtual creyendo que la única diferencia entre ambos es que uno usa TIC y el otro no.

El proceso educativo como sistema complejo

De entre las muchas cosas que alteró la pandemia del 2020, la más evidente fue el desplazamiento del sujeto desde el espacio público hacia el espacio privado, aislándolo casi de la noche a la mañana en su hogar2. La urgencia por contener


  1. Lefebvre, H (1991) The production of space. Cornwall: Blackwell
  2. Desde luego no me refiero aqu. a los ciudadanos en general pues ya sabemos que la necesidad hizo imposible para una gran parte de ellos aplicar la cuarentena quedándose en casa. Al hablar de sujeto aquí me refiero principalmente a los estudiantes de nivel básico que en México se compone de los niveles preescolar, primaria y secundaria.

la escalada de contagios condujo de manera natural a que una de las medidas principales adoptadas fuera la expresada por el sonado slogan de “quédate en casa” que pronto se volvió viral a través del ya conocido espacio virtual de las redes sociales, único espacio público masivamente concurrido en aquellos momentos de pánico.

Esta situación generó de inmediato un caos en el mundo educativo, especialmente en los niveles básicos (primaria y secundaria), donde las clases son completamente presenciales y su ciclo regular es de 190 días, cinco días a la semana y de seis a ocho horas diarias, por lo que naturalmente se pensó que el rezago sería catastrófico. Por iniciativa de la Secretaria de Educación Pública (SEP) se implementó el programa “aprende en casa” desde abril de ese año, basado en un esquema emergente cuyos contenidos eran básicamente recuperados de canales de edutubers3. Al mismo tiempo, pero sin apoyo de una metodología específica y con una capacitación más bien pragmática y escasamente fundamentada, se intentó que cada escuela pusiera en marcha por sus propios medios, mecanismos para llevar a término el ciclo escolar a través del uso y aplicación de herramientas digitales, en su mayor parte versiones de prueba y sin una orientación específicamente educativa4 en otros, especialmente en el sector público se trató de que los profesores usaran Google Classroom5, aunque con una aplicación igualmente


  1. Los edutubers son creadores de contenido que usan YouTube para divulgar materiales de tipo educativo.
  2. Por orientación específicamente educativa nos referimos a las LMS (Learning Managment System), como Moodle o BlackBoard, entre otros.
  3. La SEP y Google iniciaron una colaboración en abril de 2020 para la capacitación y el uso de GSuite que incluye la plataforma Classroom, la información puede consultarse en el boletín 101 de la SEP: https://www.gob.mx/sep/es/archivo/articulos

implementación de lo que muchas escuelas denominaron alegremente “clases en línea” y que básicamente consistían en que la profesora de grupo hiciera “lo mismo” que hacía en el salón de clases, pero a través de aplicaciones como Zoom o meet, complementando el proceso mediante la ayuda de redes sociales como WhatsApp o Facebook para la entrega y recepción de actividades.

Este paradigma intuitivo que se volvió parte de una nueva realidad educativa, así como los variopintos resultados que ha tenido, nos señalan la urgencia de reflexionar acerca de lo desorganizada6. El resultado inmediato fue la que significa la


  1. En 2017 se contabilizaron 1, 011, 589 docentes de educación básica, por lo que los 500 mil capacitados mediante el convenio SEP-Alphabet Inc., (dueño de Google) representó solo al 49% de la plantilla, sin embargo, el boletín menciona que los 500 mil capacitados no solo ser.n docentes, sino padres de familia y autoridades, lo que en realidad reduce dramáticamente la plantilla docente. Por otra parte, también existe la duda acerca de si Alphabet ha usado la crisis educativa generada por la pandemia como una estrategia de mercadeo para posicionar su plataforma a largo plazo compitiendo de manera caníbal contra plataformas como Moodle que ya son gratuitas y mucho m.s especializadas para los fines buscados.

educación en línea7, así como sus semejanzas y diferencias con la educación presencial de modo que tengamos un marco de referencia claro sobre el cual mejorar en el futuro inmediato tales resultados. Desde luego no significa que esto no se haya discutido bastante ya, pero no se ha discutido ni a este nivel, ni a esta escala, ni en el contexto que se vive actualmente y se trata de una discusión urgente ante la posibilidad de que este tipo de modalidad educativa se normalice en el nivel básico de cara a nuevas oleadas periódicas del virus.

En México existen excelentes modelos educativos en línea como el Bachillerato a Distancia de la UNAM o la Universidad Digital del Estado de México entre muchos otros, sin embargo no contamos con modelos similares para ningún nivel de educación básica, e incluso en los niveles medio superior y superior que operan de manera regular en la modalidad


  1. El termino adecuado ser.a el de educación a distancia, el hecho de que sea “en línea” solo indica que se usan las herramientas basadas en TIC y la computación en la nube. Debemos tener claro esto para comenzar por discutir si el modelo de educación a distancia con el uso de estas herramientas es la mejor opción o no en un pa.s que de por si mantiene serios problemas de conectividad y una brecha digital importante.

presencial, difícilmente se podrá transitar a modelos virtuales nada más con el solo hecho de implementar TIC pero sin tomar en cuenta la complejidad que tiene el tránsito mismo. Es necesario antes darse cuenta de que el problema de fondo no es la implementación de una tecnología, sino el que la educación en línea representa un paradigma educativo completamente distinto del presencial y por lo tanto es falsa la creencia de que en la educación en línea se hace lo mismo que en la presencial, pero a través de una aplicación digital.

En el sentido antes mencionado lo primero que debemos tener claro es que la labor educativa es un sistema complejo que involucra múltiples variables emanadas de la concreción individual de cada sujeto y su interacción con otros sujetos involucrados en el proceso educativo como bien lo menciona Souto (1996): “La enseñanza es mucho más que un proceso de índole técnica. No puede ser aislada de la realidad en la que surge. Es también un acto social, histórico y cultural que se orienta a valores y en el que se involucran sujetos.” 8


  1. Souto, M. (1996). La clase escolar: una mirada desde la didáctica de lo grupal. En: Corrientes Didácticas Contemporáneas. Camilloni, A. y Otros, Bs.AS, Paidós.

Esto significa que más allá de la simple transmisión y recepción de un mensaje con contenido educativo el proceso educativo se articula de manera holista a través de la configuración de todas estas variables, las cuales se estructuran y se ordenan dentro de un espacio social, el cual representa un sistema de referencia común a todos los participantes del proceso que por su misma naturaleza es público pues en el no solo interactúa el alumno con sus propios procesos cognitivos sino con el docente y con el resto del grupo desarrollando entonces una experiencia integral que forma lo que Dilthey denominó Weltanschauung y que se refiere a la cosmovisión que cada uno posee y con la cual enriquece a las de los demás, algo en lo que también concuerda Souto:

“La clase es, al mismo tiempo, lugar de encuentro y de contraposición entre deseos individuales y formaciones grupales e institucionales. Motivaciones, valores, representaciones, adquisiciones previas de cada participante; conocimientos, creencias, mitos, historia, ideologías, concepciones, símbolos, representaciones, formas de organización, construidos socialmente.” (Op. Cit.)

Esta situación desplazó la actividad educativa del espacio social físico al espacio social virtual.

Al ser el espacio, el elemento común en un proceso de tipo social como el de educativo, resulta necesario saber qué características tiene el espacio en cada una de las modalidades consideradas: presencial y virtual, y si a partir de ello se puede establecer la factibilidad de trasladarse de uno al otro sin mayor problema.

El espacio social del aula presencial frente al aula virtual

De acuerdo con la definición de Henry Lefebvre (1991), el espacio social es el resultado de una secuencia y un conjunto de operaciones. Es lo que permite el desarrollo y coexistencia de algunas acciones y lo que impone límites a otras e incluso limita su existencia.

El espacio social no es una cosa entre otras, ni un producto entre otros, más bien subsume a las cosas producidas incluyendo las relaciones internas emanadas de su coexistencia y simultáneamente de su orden o desorden relativo. Es el resultado de una secuencia y conjunto de operaciones por lo que no se puede reducir al rango de simple objeto […] el espacio social es lo que permite que nuevas acciones tengan lugar, al tiempo que sugiere otras y aún prohíbe otras más.” (Op. Cit.)9

A partir de esta definición es claro que podemos encontrar un punto de intersección entre la modalidad presencial y la modalidad a distancia; ambas comparten un espacio social sobre el que se desarrolla la actividad educativa. Sin


  1. La traducción directa es mía, el texto original se cita a continuación: (Social) space is not a thing among other things, nor a product among other products: rather lt subsumes things produced and encompasses their interrelationships in their coexistence and simultaneity – their (relative) order and/or (relative) disorder. It is the outcome of a sequence and set of operations, and thus cannot be-reduced to the rank of a simple object […] social space is what permits fresh actions to occur, while suggesting others and prohibiting yet. others.

embargo, esta intersección que parece unir a ambas modalidades es también aquello que las separa de forma irremediable, pues como sucede con las rectas secantes solo tienen un único punto en común y nada más. Y es que, si bien la noción de espacio social se adecua a ambas modalidades, estos espacios son distintos para cada una de ellas, comencemos por la modalidad presencial dominada por las coordenadas espacio temporales conocidas por todos.

Tradicionalmente la educación se ha desarrollado alrededor de un importante componente espaciotemporal que en México ha ido desde los atrios de las iglesias, las casas de “amigas”10 y hasta llegar a los enormes complejos escolares cuasi industriales llenos con filas de mesabancos alineados unos junto a otros. En todos ellos el denominador común es un espacio físico donde las personas se reúnen de forma física para participar en ese complejo proceso de relaciones al que llamamos enseñanza y aprendizaje. Estas relaciones están condicionadas por los límites del espacio común y la distancia entre los agentes; el docente y los alumnos, la cual puede ser muy corta en el caso de aulas muy concurridas y espacios desbordados como suele suceder en los salones de clase del sector público.

Durante toda la historia de la educación este espacio ha variado en función de muchas circunstancias como la geografía o las condiciones económicas de una comunidad, sin embargo, la dimensionalidad espaciotemporal ha sido constante, definiendo así lo que lo que tradicionalmente se ha entendido por “clase”:

“La clase escolar es el escenario donde se producen las prácticas pedagógicas. Remite a un ámbito delimitado por el aula en lo espacial y por el año


  1. Quien se interese por esto detalles puede acudir al maravilloso libro de historia de la educación en México del Colmex: Tanck de Estrada, Dorothy (coord.) (2010). Historia mínima. La educación en México. México: El Colegio de México.
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lectivo en lo temporal. Es el ambiente donde los eventos, los sucesos transcurren. Pero la clase es más que ello, abarca los procesos y las relaciones que ese ambiente producen.” (Souto, Op. Cit.)

En este sentido la clase es más que la delimitación espacial y temporal asignada a la práctica educativa, pero este plus no resulta de su independencia de estos dos elementos, para Souto más bien parte de ellos y está condicionada por ellos. Por ese motivo una clase en el laboratorio no va a ser igual que una práctica de campo o una clase dictada como conferencia o seminario aunque el tema pudiera ser el mismo en cada uno de ellos, pues las relaciones entre los participantes son afectadas por cada uno de estos espacios y a su vez, el espacio se selecciona en función de lo que se va a hacer dentro de él como bien lo resalta Lefebvre en la cita antes mencionada. El elemento más característico de la educación presencial resulta entonces de la sincronía (temporal), pero sobre todo de la contigüidad espacial de los

agentes que participan en el proceso educativo. Una consecuencia de esta contigüidad es el surgimiento de relaciones interpersonales y la alteración del comportamiento dentro del espacio social a consecuencia de estas mismas relaciones.

Ahora bien, no es que el espacio público de la educación a distancia sea lo opuesto a lo ya mencionado respecto al espacio público de la educación presencial, simplemente se trata de algo completamente diferente, ya que como bien lo menciona Castañeda (2015), el del aula virtual es un espacio sin distancia.

“La educación a distancia se relaciona más con las estrategias metodológicas y tecnológicas que posibilitan la entrega de contenidos educativos, y con la comunicación entre los participantes de un proceso educativo determinado que no coinciden en tiempo y lugar; de modo que, aunque suene paradójico, la principal intención que anima a la educación a distancia es que la distancia no exista.”11

Desde sus orígenes la educación a distancia se ha caracterizado por emplear herramientas tecnológicas a la mano que le permitan vencer el reto de la no-distancia, ya sea el telégrafo, el correo, la radio, la televisión y en épocas recientes, las TIC, las TAC y las TEP, las cuales han resultado especialmente útiles no porque ellas acorten la mentada no-distancia pues eso no tiene sentido, sino porque su variedad de recursos permiten la innovación, pues la innovación es uno de los elementos claves de este tipo de educación, pero innovación no significa adaptar sino crear algo novus – nuevo, distinto, diferente en concordancia con sus características propias y sus objetivos particulares.


  1. Castañeda, M. (2015). La educación superior a distancia en M.xico: una propuesta para su análisis histórico En La educación a distancia en México: una nueva realidad universitaria, Judit Zubieta (coord.), México, UNAM

Sin embargo, lo más importante de la educación a distancia no son las herramientas sino las relaciones que surgen de la interacción en un espacio social que ya no es físico, es decir al que se le han retirado tres de las cuatro dimensiones del espacio presencial. Como elemento básico tenemos que el espacio de la educación a distancia ya no permite una relación directa entre los agentes, sino una relación mediada, es decir que requiere el uso de un medium para que esta relación tome lugar. Para comprender esto debemos recordar que una relación directa implica, como lo dijimos antes sincronía y contigüidad, es decir que los agentes del proceso coincidan necesariamente en tiempo y espacio, pero en el marco de la educación a distancia solo queda la dimensión temporal que puede ser síncrona, pero es mayoritariamente asíncrona. En sustitución de la contigüidad la educación a distancia ofrece la posibilidad de la ubiquidad y la movilidad, pues al no haber un espacio físico ni un tiempo determinado para el proceso educativo, tanto el docente como el alumno pueden acceder al espacio común desde cualquier lugar a cualquier momento, dando por sentado claro, que existen las condiciones de posibilidad

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para una correcta comunicación, lo que incluye dispositivos, conexión a Internet, etc.

Conclusión

La diferencia en las dimensiones que posee el espacio áulico presencial y virtual, nos debe conducir a reflexionar en torno a la necesidad de plantear estrategias adecuadas a cada espacio dentro de la implementación de los planes y programas de estudio de la educación básica en función de dichas diferencias que como hemos visto son importantes pues determinan y a su vez están determinadas tanto por los agentes que actúan dentro de cada espacio como por las relaciones que se establecen entre ellos también dentro de cada espacio. Lo que hemos mencionado apenas es un esbozo muy somero y superficial en torno a las diferencias que hay que tener en cuenta para cada una de las modalidades educativas, pero tengo la esperanza de que nos ayude a comprender que, de cara a una posible reforma en las practicas educativas forzada por las condiciones que ha generado la pandemia, las soluciones solamente pragmáticas e irreflexivas lejos de resolver los problemas van a generar aún mayores problemas. A pesar de esto último debemos ser optimistas. La educación a distancia sí contiene las soluciones que buscamos, pero bien pensada, bien contextualizada, bien implementada.

CARLOS MÁRQUEZ GONZÁLEZ