ANA GALVA

Las emociones
en la educación

Lenguaje y Comunicación

Claudia
Reynoso

Maestra en Comunicación Organizacional y Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Profesora desde hace 12 años en el Área de Talleres de Lenguaje y Comunicación en el CCH, Plantel Vallejo. Imparte la asignatura de Taller de Lectura, Redacción e Iniciación a la Investigación Documental I-IV.

nayadeli@hotmail.com

Introducción

El mito griego cuenta que Dédalo y su hijo Ícaro estuvieron atrapados por mucho tiempo en la isla de Creta.

Desesperados por salir a Dédalo se le ocurrió la idea de fabricar unas alas, con plumas de pájaros y cera de abejas para escapar volando.

Antes de emprender el vuelo, Dédalo advirtió a su hijo no volar demasiado alto, porque si se acercaba al sol, la cera de las alas se derretiría y caería. También advirtió que si volaba demasiado bajo, las alas se humedecerían tanto que se volverían demasiado pesadas para volar.

Al principio Ícaro obedeció los consejos del padre, sin embargo, la emoción que sintió lo hizo volar cada vez más y más alto; se acercó tanto al sol que la cera de las alas se derritió, así que cayó al mar y se ahogó.

La historia que se rememora tiene múltiples interpretaciones, sin embargo, se puede decir que la “emoción” desmedida que Ícaro sintió lo llevó a la muerte.

Hacia una definición de emoción

El concepto de emoción ha sido abordado desde diferentes disciplinas como la filosofía, la biología o el psicoanálisis. También, se ha estudiado por las corrientes conductista y cognitiva. Es por ello que se pueden encontrar diversas definiciones.

Gurmendez (1981) explica que etimológicamente emoción significa lo que nos estremece, poner en movimiento y sacar de quicio. Es decir, la emoción es una sacudida orgánica que se puede apreciar en los sujetos a través del estado corporal: cambia el rostro, desnuda nuestras expresiones y modos habituales de ser. De tal manera se puede entender que emoción tiene una naturaleza doble y ambigua.

Para Damasio las emociones son acciones o movimientos, muchos de ellos públicos, visibles para los demás, pues se producen en la cara, en la voz, en conductas específicas. Es decir, es una especie de teatro del cuerpo. Sin embargo, este autor advierte que el término emoción no debe confundirse con sentimiento, pues estos últimos se desarrollan en la mente. (2010, p.32)

De dicha afirmación se deduce que emoción y sentimiento están íntimamente relacionados a lo largo de un proceso continuo que es difícil separar, y se tiende a confundir a ambos como una sola cosa.

Por su parte, Reeve, (1994) ve a las emocionescomofenómenosmultidimensionales, que afectan lo afectivo-subjetivo y cognitivo. Por ello, provocan que nos sintamos de una manera específica.

Si consideramos a la emoción como “fenómeno multidimensional” podemos reflexionar que las emociones en una primera dimensión son respuestas fisiológicas que preparan al cuerpo para la “acción”. Las emociones se enmarcan en lo social en una segunda dimensión, porque las expresiones faciales y corporales que comunican nuestras experiencias internas a los demás sólo se interpretan y decodifican en un marco de lo social. De ahí, que en una siguiente dimensión las emociones sean cognitivas, en tanto que modifican estructuras, creencias y pensamientos. El componente cognitivo es lo que en lenguaje común se conoce como sentimiento. Así las emociones son reacciones a la información que se recibe del entorno. La intensidad de la emoción va a depender de la evaluación subjetiva que realiza el individuo a partir de conocimientos previos, creencias o percepciones. Si la emoción es intensa, puede llevar al extremo al individuo de tal manera que provoca fobias, estrés o depresión. Lazarus (1994)

VALENTINA IVANOVA

Por tanto, se puede señalar que las emociones provocan cambios en las estructuras mentales que generan sentimientos. Las emociones, preceden a los sentimientos y estos últimos al darse en la mente son profundos y duraderos. La suma de varios sentimientos genera un afecto o desafecto.

La educación tradicional

El sistema educativo del siglo XIX y parte del XX se caracterizó sólo por transmitir conocimientos. La tendencia pedagógica se enfocó en la figura del profesor, quien era considerado como la fuente de conocimiento absoluto que debía ser respetada sin el más mínimo cuestionamiento. (Espinoza, E. et al. 2017, p. 42)

El proceso educativo se redujo a repetir y memorizar. La acción de los alumnos se limitó; tuvieron un rol pasivo y por lo tanto no desarrollaron un pensamiento crítico.

En ese sentido, a los docentes se les pidió no involucrarse con los alumnos y tratar con ellos sólo asuntos que se relacionaran estrictamente con el proceso de enseñanza-aprendizaje. De tal manera no existieron espacios para abordar el tema de las emociones.

Ante tal panorama del sistema educativo hubo quienes alzaron la voz, para manifestar que la educación debía cambiar y estar centrada en los alumnos, pues ellos tendrían que ser los protagonistas del proceso de enseñanza- aprendizaje. Así mismo, se proponía incorporar

el estudio de las emociones; identificar cómo influyen en dicho proceso.

Hernández en su texto Sobre la afectividad y la enseñanza de lenguas extranjeras, menciona que Ernest Hilgard desde 1963 advirtió que cualquier teoría cognoscitiva del aprendizaje fracasaría si no contemplaba un espacio para la afectividad. No obstante, es hasta el siglo XXI, que se empieza a dar importancia al tema.

Las emociones en la escuela

El mundo se transformó, ello requirió nuevas formas de enseñanza y que los profesores fueran innovadores en su práctica. El desarrollo acelerado de la tecnología modificó las relaciones interpersonales, lo cual repercutió definitivamente en la forma de comunicarse con los alumnos. (Marconi, 2017)

El sistema educativo evolucionó, el profesor dejó de ser la persona que poseía el conocimiento y la autoridad máxima en el proceso de enseñanza-aprendizaje. De tal forma, se convirtió en un facilitador o guía que busca que los alumnos desarrollen habilidades para la construcción de saberes y un alto grado de independencia cognoscitiva, pues en este tipo de educación los estudiantes aprenden a partir de lo que hacen; reflexionan de manera individual y en pares. Lo cual, propicia la interacción y fortalece el pensamiento crítico, que a su vez ayuda a los jóvenes a tener una formación integral que les sirva en su vida académica y en su entorno cotidiano.

Ahora bien, la pandemia por el virus COVID19, que obligó al confinamiento por más de un año y a impartir clases en la modalidad a distancia, hizo eviente la necesidad de mirar con otros ojos, es decir, darle relevancia al desarrollo cognitivo y las emociones en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

KRISTINA TRIPKOVIC

Por lo tanto, una tarea impostergable para la educación, es brindar un espacio para abordar el tema de las emociones. Sin embargo, no es una labor sencilla, como se señaló líneas arriba, por mucho tiempo a los profesores se les pidió que hubiera una relación estrictamente académica con los alumnos, que se dejaran de lado precisamente la parte afectiva porque incluso llegaba a ser poco profesional.

Hoy toca romper con ese paradigma, pues la enseñanza no puede sólo estar basada en la adquisición de conocimientos sobre determinadas disciplinas. Tiene que ser capaz de entender subjetividades, emociones y deseos del alumnado. Se deben “…encontrar prácticas significativas que recuperen la implicación y la emoción por un lado, y la significatividad social por el otro”. (Marconi, 2017)

Por tal motivo, los temas que se aprendan no deben ser revisados de manera aislada, deben conectarse con experiencias vividas para que no se olviden fácilmente.

Para lograrlo es necesario que los profesores primero se reconozcan y tengan una educación emocional que les permita ser empáticos y comprender mejor las necesidades de sus estudiantes. Bisquerra (2012) propone que algunas acciones como punto de partida serían:

• Desarrollar un mejor conocimiento de las emociones y la habilidad de regularlas.
• Poder reconocer las emociones de otras personas.
• Poder llamar a las emociones correctamente.
• Optimizar la tolerancia a la frustración.
• Evitar los efectos perjudiciales de las emociones negativas.
• Generar emociones positivas.
• Lograr motivarse.
• Adoptar una actitud de vida positiva.

Como se puede observar no es una tarea sencilla, sin embargo es indispensable comenzar a trabajar en ello porque las emociones juegan un papel determinante en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Cuando un alumno recuerda a uno de sus mejores profesores el 90% de las cualidades que se le atribuyen “…son de carácter social- emocional: cercanía, confianza, credibilidad, capacidad para motivar, respeto, disponibilidad… Sólo un 10% de cualidades tienen carácter cognitivo-académico. (Campillo, 2012, p.7). Ello indica la relevancia que la parte emocional puede tener para un estudiante.

Conclusión

En un proceso de enseñanza-aprendizaje las emociones juegan un papel determinante e involucran tanto a alumnos como profesores. Por ello, es necesario que los docentes cuenten con un programa de educación emocional que

les permita en un primer momento reconocerse, tener una mirada reflexiva sobre uno mismo y posteriormente, sobre los demás, pues ello propiciará una interacción saludable y positiva, que a su vez fomentará un ambiente ideal para adquirir conocimientos significativos.

ELIZAVETA STRELKOVA

Fuentes de consulta

 

1. Camps, V. (2011). El gobierno de las emociones. Barcelona: Herder.

2. Campillo, E. (2012). La importancia de la educación emocional en las aulas. Recuperado de: http://www. codajic.org/sites/www.codajic.org/files/La%20 importancia%20de%20la%20educaci%C3%B3n%20 emocional%20en%20las%20aulas.pdf

3. Damasio, A. (2010). En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos. Barcelona: Crítica.

4. Espinoza, E., Tinoco, W. y Sánchez, X. (2017). Características del docente del siglo XXI. Recuperado de: file:///Users/ nayadelireynoso/Downloads/Dialnet-CaracteristicasDe lDocenteDelSigloXXIOriginal-6210816.pdf

5. Gurméndez, C. (1981). Teoría de los sentimientos. México: Fondo de Cultura Económica.

6. Hernández Rojas, B. (2004). Sobre la afectividad y la enseñanza de Lenguas Extranjeras en Relingüística aplicada, N°1. Recuperado de: http://relinguistica.azc. uam.mx/no001/no001/10-print.htm

7. Larrañaga, A. (2012). El modelo educativo tradicional frente a las nuevas estrategias de aprendizaje. Recuperado de:https://reunir.unir.net/bitstream/ handle/ 123456789/614/Larra%C3%B1aga%20Ane. pdf?sequence=1

8. Lazarus, R.S y Lazarus, B. N. (1994). Pasión y Razón, la compresión de nuestras emociones. España: Paidós.

9. Marconi, L. (2017). La importancia de las emociones en la educación. Recuperado de: https://www.teseopress. com/neurociencias/chapter/59/

10. Reeve, J.(1994). Motivación y emoción (Tr. Ana María Lastra). Madrid: McGraw- Hill.